Mensaje de Padre Capó


LAS MANOS DE DIOS

No se equivocan quienes creen en el poder infinito de Dios y decimos con acierto que Dios es omnipotente.

No rozaría la omnipotencia si el mismo Dios, en virtud de su poder, decidiera limitarlo. Esta línea roja la señaló al crear al hombre a su semejanza, y según San Juan: "Dios es amor", y sin libertad no existe el amor. Como dice San Agustín, quiso que participáramos en la consecución de nuestro destino: "Quien te creó sin ti no te salvará sin ti"

El hombre perdió el camino al aspirar a ser como Dios. Un hombre había roto con Dios y debía ser otro Hombre quien recompusiera la situación.

Encontramos en un Hombre esta posibilidad: "La palabra se hizo carne" Su misión era salvar y su nombre era Jesús. Con Cristo recuperamos la capacidad del amor y de la libertad.

Cumplida su misión encargó y capacitó a otros hombres a enseñar el camino, sanar las heridas propias y ajenas, y desde el amor perdonar y ser perdonados. Con Jesús se pone en manos del hombre enseñar los secretos de Dios, perdonar la debilidad humana, incorporar los hombres a su familia. Y recordar que existimos para amar. Lo demás muere.

El pecado, como lo fue el de Adán y Eva, es creerse poseedor de lo que es sólo administrador. Dios ha puesto en nuestras manos, sin coacción alguna, la creación para que la usemos con la dignidad de herederos de Hijos de Dios, Hermanos de Cristo y Templos del Espíritu Santo. La libertad es prerrogativa del tiempo, porque para el que ve a Dios cara a cara no hay otra alternativa posible.

En el bautismo de Juan Bautista el Padre pone en las manos de Jesús reencontrar la dignidad: "Este es mi hijo amado, escuchadle"; y Jesús nos traspasó realizar el proyecto de salvación con palabras llenas de cariño y confianza: "Cómo el Padre me envió, yo os envío a vosotros". Nos convertimos en MANOS DE DIOS.

¿Qué hay en nuestras manos? Dice San Juan que en el momento del traspaso les enseñó: "las manos y el costado" y llevaban la marca de los clavos.En mis manos encontraré lo que tengo que salvar, lo que tengo que superar, lo que tengo que perdonar, lo que tengo que amar. Esta es la marca de los clavos de las manos de Jesús.

No faltan quienes ponen su mirada apostólica en el vecino dando por supuesto que sus propios hijos también heredarán su fe. Heredar es recoger lo que dejas, y sabemos que en muchos casos sólo se recoge desunión. La fe se infunde por el testimonio en la vida real. Supone comprensión y servicio.

Eres la MANO DE DIOS para cuantos en el tiempo y por las circunstancias coinciden contigo. La fe se edifica sobre lo humano. No podemos caer en el engaño de que los actos de culto suplen las virtudes cardinales o sea las virtudes naturales. Esto es lo que requieren los diez mandamientos. Antes de las tablas de la ley ya urgían los mandamientos, como dictados de la naturaleza.

¿Quién puede amar a Dios si no respeta al hombre ni a sí mismo? Y cabe preguntar ¿quien puede amar al hombre y a sí mismo sin la gracia de Dios? Enseña Jesús que "amar al amigo también lo hacen los paganos" Somos MANOS DE DIOS con la marca de los clavos.

Me preguntaba ¿Qué tengo que superar?

Dando por supuesta la lucha contra lo negativo, lo que recuerda el catecismo al destacar en los pecados capitales algunos aspectos, quiero apuntar que no pocas veces debiéramos revisar lo que creemos normal o bueno en nuestros actos.

Un ejemplo con el que me encontré. El hombre era (a su parecer) buenísimo, pero sus hijos, menores de edad, se quejaban de su padre. No lo entendí hasta que me contaban, con rabia, que todas las noches los convocaba para rezar el rosario desde que había hecho cursillos, y escogía el momento de una serie de TV que les gustaba mucho. ¡Con el cursillo se había cortado la serie! Hay que superar el COMO.

Me pregunto ¿Qué tengo que perdonar? No hablo de lo que te hacen. La pregunta debe ser ¿Qué me tengo que perdonar?

No escribo para quienes dejan tierra quemada a su paso. Quizás al examinar ¿qué tengo que confesar? no encuentres ni abismos que evitar ni montes que escalar, pero ¿Cuántos resentimientos pequeños, o grandes; cuántos celos comparativos; exigencias desmedidas en la familia, trabajo o amistades; cuánta censura encubierta de piadosa intención; cuánta pereza justificada con fachada de deberes? Cada uno complete la lista, recordando que LAS MANOS DE DIOS nunca descansan.

Y, ¿Qué tengo que amar?

Leemos, y parece que aceptamos,al menos de palabra, amar al enemigo, al que nos persigue al que nos quiere mal. Lo otro, y a los otros, los queremos sin que nos lo digan. El amor es una hoguera en qué se incineran las pequeñas miserias de los buenos. ¿Se extingue el amor? El egoísmo convierte el amor en cenizas, y el único fuego que nunca se extingue es el que arde con los leños de la cruz. La hoguera del amor de Jesús se acrecienta en calor y luz cuando la alimento con los trozos de mis propias cruces.

La pregunta brota espontánea ¿Cómo puedo vivir en Cristo?

La respuesta es: por la gracia consciente. ¿Cómo puedo permanecer unido a Él? Por la gracia creciente. ¿Cómo puedo dar el fruto de qué habla Jesús? Por la gracia compartida.

Los peregrinos de Santiago no cedían al cansancio del camino y su grito y consigna era: "ULTRA EA" (Más allá). Cursillos asumió el espíritu peregrino con la misma consigna: "ULTREYA"

Mons. Jaime Capó Bosch

Enero de 2015